Entrevista a los organizadores del festival de música Canela Party (Beto Pérez, Álvaro Fernández y Antonio Mata). En esta conversación queremos descubrir qué hay detrás de uno de los festivales más singulares del panorama nacional. Quiénes son las personas que lo hacen posible, cómo nació el proyecto y por qué el Canela Party se ha convertido en una cita imprescindible para miles de aficionados a la música.
Con un formato tan original como imprevisible, el festival ofrece la oportunidad de descubrir decenas de bandas de estilos muy diversos. Lejos de las programaciones repetitivas y previsibles, el Canela Party apuesta por el riesgo, la variedad y la sorpresa, convirtiendo cada edición en una experiencia única. Y, por si fuera poco, la diversión está garantizada gracias a uno de sus sellos de identidad: la ya legendaria fiesta de disfraces.
Entrevista
Valdi ¿Cómo nace exactamente la idea de Canela Core?, ¿Fue realmente una broma entre colegas o ya había una intención de hacer algo diferente?
Álvaro: Fue, ante todo, una fiesta entre colegas. No había una intención de hacer algo diferente; simplemente respondía a la necesidad de hacer algo divertido.
La idea nace porque había una banda en Málaga, The Skirmish Society, en la que hacíamos screamo. En aquel momento era un estilo que apenas tenía presencia en la ciudad y, para que la gente no se asustara con tanta testosterona, tantos gritos y tanta distorsión, decidimos darle a los conciertos un tono mucho más festivo e incluso cómico. Empezamos a tocar todos los bolos disfrazados, lanzando confeti y caramelos.
A partir de ahí pensamos: si nosotros nos lo estamos pasando tan bien con este formato, ¿por qué no hacer un festival en el que el resto de bandas también se disfracen? ¿Y por qué no implicar también al público? Esa fue realmente la chispa que dio origen al festival.
En aquel momento nos juntamos varios amigos y distintos colectivos de la ciudad. Yo estaba con The Skirmish Society, Beto organizaba conciertos por su cuenta y había otras bandas que también querían formar parte del proyecto. Nos pusimos manos a la obra con una producción muy rudimentaria y una organización totalmente punk. Éramos muchas manos, muchísimas ganas, pero muy poca experiencia sobre cómo se organizaba un festival.
Todo fue muy ingenuo, muy DIY, muy punk, pero precisamente por eso salió adelante de una forma muy auténtica, divertida y genuina. Era, simplemente, una fiesta entre amigos.
En ningún momento existía la intención de crear algo rompedor, ni mucho menos imaginábamos que, con el paso de los años, Canela Party acabaría convirtiéndose en un festival de referencia o que llegaría a contar con bandas del prestigio internacional que hoy forman parte de su cartel.
Al final, todo nació desde la inocencia, desde las ganas de hacer cosas y de divertirnos en una ciudad donde apenas había industria musical. Si querías que ocurriera algo, tenías que hacerlo tú mismo. Ese fue, en esencia, el verdadero espíritu con el que nació Canela Party.
“Todo fue muy ingenuo, muy DIY, muy punk, pero precisamente por eso salió adelante de una forma muy auténtica, divertida y genuina. Era, simplemente, una fiesta entre amigos.”
Valdi ¿Qué os cansaba de los festivales y conciertos de la época, que os hizo decir "esto lo hacemos nosotros a nuestra manera"?
Álvaro: A ver, hay que situarse en 2007. Éramos muy jóvenes y tampoco habíamos asistido a tantos conciertos ni festivales. Viviendo en una ciudad como Málaga, la mayoría de los conciertos a los que íbamos eran los que organizábamos nosotros mismos o los que montaban nuestros amigos y quienes nos habían precedido, gente un poco mayor que nosotros que llevaba tiempo promoviendo conciertos en la ciudad.
En aquella época era mucho más fácil organizar un bolo que ahora. Había más permisividad, prácticamente cualquier bar podía acoger un concierto y existía una vida musical mucho más activa: había más salas, más actuaciones y muchas más oportunidades para tocar. Hoy, en cambio, la situación es bastante más complicada.
Por entonces apenas habíamos ido a festivales. Algún viaje habíamos hecho a Madrid o Barcelona para ver conciertos de bandas que nos encantaban, pero cuando íbamos no lo hacíamos pensando en qué mejorar o qué cambiaríamos si organizáramos uno nosotros. Simplemente alucinábamos con poder estar en una sala viendo tocar a la banda que tanto nos gustaba. Creo que por aquella época ya había estado en el San Feliu Hardcore Fest, que siempre fue una referencia para nosotros.
Por eso tampoco existía la idea de hacer un festival "a nuestra manera". Entre otras cosas porque ni siquiera sabíamos cuál era la manera correcta de hacer las cosas. Como comentaba antes, aquella primera edición fue una organización muy punk, muy ingenua, impulsada por las ganas y la ilusión. Había muchísima energía, pero también bastante descontrol y mucha desorganización. Aun así, salió bien. Fue muy divertido y, sobre todo, muy auténtico.
“Por eso tampoco existía la idea de hacer un festival "a nuestra manera". Entre otras cosas porque ni siquiera sabíamos cuál era la manera correcta de hacer las cosas.”
Valdi El nombre "Canela" y los disfraces, ¿De dónde sale? ¿Era una provocación al postureo de la escena hardcore?
Álvaro: Bueno, el tema de los disfraces ya lo hemos explicado en la pregunta anterior. En cuanto al nombre Canela, surgió de una expresión que utilizábamos muchísimo en aquella época para referirnos a cualquier cosa que nos parecía especialmente buena o divertida. Decíamos cosas como: "Ayer conocí a una chavala to canela", "Ayer me lo pasé to canela" o "He visto una peli to canela". Era una expresión muy nuestra y, la verdad, tampoco le dimos demasiadas vueltas al nombre. Lo de Core venía porque aquella primera edición tenía una mayor presencia de bandas del ámbito hardcore, aunque ya había grupos de otros estilos. Así que fue tan sencillo como juntar las dos palabras: Canela Core. No hubo ningún brainstorming de naming ni nada parecido; surgió de una forma completamente natural.
En cuanto a si había cierta provocación hacia el postureo de la escena hardcore, sí, había un poco de eso. En las grandes ciudades quizá se daba más importancia a la estética o a pertenecer a una tribu determinada. En Málaga, en cambio, éramos menos y convivíamos personas con gustos muy diferentes dentro de la música independiente y underground. Nos juntábamos gente del hardcore, del punk, del metal... y existía una cierta ironía hacia esa imagen del "macho-core" o incluso del "emo-core". Era la época en la que la estética emo, con los flequillos imposibles y toda esa imagen tan marcada, estaba muy de moda.
A nosotros todo eso nos hacía bastante gracia porque pensábamos que lo importante no eran las pintas, sino pasarlo bien. Desde el primer año había una intención de ir un poco a contracorriente de esa idea, de decir que no necesitabas una estética concreta para formar parte de una escena. Al contrario, el mensaje era: disfrázate. Utiliza el disfraz para mostrar tu verdadero yo, para desprenderte de esa imagen tan estudiada y explorar una faceta más libre, más creativa y más divertida de ti mismo. Era una forma de expresarse a través del humor, de la imaginación y de la creatividad.
De hecho, recuerdo que aquel primer año hicimos un pequeño blog cuyo lema era algo así como: "Soy Canela y tu flequillo me la pela". Jugábamos con esa idea de que aquí se venía, sobre todo, a escuchar música y a pasarlo bien. También queríamos cambiar un poco el foco y que no solo fueran las bandas las protagonistas. El público, los asistentes, también tenían algo que aportar a través de sus disfraces, de sus atuendos e incluso de sus propias performances. De alguna manera, todos pasaban a formar parte del espectáculo.
“Al contrario, el mensaje era: disfrázate. Utiliza el disfraz para mostrar tu verdadero yo, para desprenderte de esa imagen tan estudiada y explorar una faceta más libre, más creativa y más divertida de ti mismo.”
Valdi ¿En qué momento dijisteis "esto ya no es un bolo, esto es un festival"?
Álvaro: Bueno, realmente el primer año ya fueron nueve bandas, así que aquello ya era un festival. De hecho, en la segunda edición, en 2008, redujimos un poco el número de artistas porque en 2007 acabamos a horas intempestivas. Como todo había estado organizado de una forma tan improvisada, empezamos, entre comillas, a profesionalizar un poco el proyecto.
Y digo "entre comillas" porque Canela no se profesionalizó de verdad hasta muchos años después. Lo que sí ocurrió fue que se incorporó gente nueva, un poco mayor que nosotros, que había asistido a la primera edición, se lo había pasado genial y nos dijo: "La idea que habéis tenido es muy buena, nos gustaría colaborar, pero quizá hace falta poner un poco de orden". En ese momento se sumaron Sergio y Juanma, que aportaban una visión distinta: priorizar la calidad frente a la cantidad. No me refiero a que las bandas fueran mejores o peores, sino a hacer menos cosas, pero hacerlas mejor.
Así nació la segunda edición. El inconveniente fue que nos trasladamos a una sala más profesional y allí nos prohibieron tirar confeti, con lo que uno de los elementos más característicos del festival desapareció por completo.
Al año siguiente conseguimos un espacio público, o semipúblico, la Caseta de la Juventud del Ayuntamiento de Torremolinos, que hoy ya no existe. Lo curioso es que ese lugar, una vez demolido, es actualmente el aparcamiento de producción del Canela Party.
En 2009 pudimos montar el festival prácticamente desde cero. Instalamos nuestra propia barra, contratamos a los camareros, que eran un montón de colegas, y ese año conseguimos traer a una de las bandas nacionales más importantes del momento, DeLorean, además de muchas otras bandas muy interesantes. Aquello supuso un punto de inflexión. Fue una edición tan divertida que pensamos: "Esto funciona, esto está muy bien".
Además, empezó a venir gente de fuera de Málaga porque ya corría la voz de que aquello era una auténtica fiesta. Incluso trajimos a nuestra primera banda internacional, Adorno, de Portugal, donde tocaba Braulio Amado, que curiosamente es el responsable de la identidad gráfica del Canela Party 2026.
Recuerdo perfectamente aquella sensación. Todo seguía siendo muy caótico, pero al mismo tiempo tremendamente divertido. Al terminar el festival estaba todo cubierto de confeti, restos de disfraces y un auténtico desastre, pero todos teníamos una sonrisa de oreja a oreja. Pensábamos: "Qué divertido ha sido. Esto merece la pena y tiene que seguir adelante".
“Aquello supuso un punto de inflexión. Fue una edición tan divertida que pensamos: "Esto funciona, esto está muy bien".”
Valdi Cero solapes, precios ajustados, ambiente familiar, ¿Son líneas rojas innegociables? ¿Os ha costado dinero mantenerlas?
Álvaro: Bueno, voy a empezar por la última pregunta. En general, Canela, desde 2007, nos ha costado bastante dinero. Cuando empezamos el festival no existía ninguna intención de que se convirtiera en nuestra forma de vida, ni mucho menos de ganar dinero con él. La idea era simplemente hacer algo bonito en nuestra ciudad para disfrutarlo nosotros mismos. No había, ni por asomo, una motivación mercantilista.
De hecho, durante todo el año también organizábamos conciertos por puro amor al arte. Queríamos traer a Málaga las bandas que nos gustaban porque, sencillamente, esos conciertos no existían. Todo aquello nos costaba dinero, tiempo y, muchas veces, también problemas con nuestras familias, parejas y amigos, porque nunca teníamos tiempo para nada.
Como casi todos aquellos conciertos eran deficitarios, incluido el propio Canela, los socios hacíamos una aportación mensual (no recuerdo exactamente cuánto sería, quizá unos 25 euros) para evitar sorpresas. Ya nos había ocurrido alguna vez terminar un festival sin dinero suficiente para pagar a las bandas lo que habíamos acordado y tener que ir al cajero a sacar dinero de nuestro bolsillo para cumplir con ellas.
Así que sí, Canela nos ha costado dinero. Mucho dinero.
Respecto a la primera parte de la pregunta, sobre los cero solapes, el ambiente familiar y si son líneas rojas, la respuesta es sí.
Lo de los cero solapes viene prácticamente desde el origen del festival. Como nació siendo un evento de un solo día y en una única sala, los conciertos iban necesariamente uno detrás de otro: terminaba una banda, se hacía el cambio de escenario y comenzaba la siguiente.
Cuando en 2022, después de la pandemia, dimos el salto al recinto al aire libre y pasamos a tener dos escenarios, pensamos que esa era una de las señas de identidad que no queríamos perder. Decidimos que, aunque hubiera dos escenarios, los conciertos seguirían sin solaparse.
Creemos que es una cuestión de respeto hacia quien compra una entrada. Si alguien paga por un cartel con una serie de artistas, lo justo es que pueda verlos a todos si así lo desea y no tenga que elegir entre dos conciertos que coinciden en horario. Para nosotros eso siempre ha sido muy importante y sigue siéndolo.
Eso no significa que el público tenga que estar viendo conciertos sin parar. Precisamente por eso existe la zona de DJs, que funciona muy bien y ofrece un espacio diferente para descansar un poco de la música en directo, charlar, bailar o simplemente cambiar de ambiente.
En cuanto al ambiente familiar, también es una prioridad para nosotros. Nos encanta que puedan venir personas de cualquier edad: chavales, gente mayor e incluso familias completas. Creemos que la música debe disfrutarse con amigos, con la familia o con quien quieras. No hay edad para vivir un festival.
Y sobre los precios ajustados, intentamos mantenerlos lo más contenidos posible. Evidentemente, el coste de la vida sube cada año y también lo hacen los cachés de las bandas, la producción y todos los gastos asociados a un festival. Hay cosas que son inevitables.
Aun así, nuestro objetivo siempre ha sido que Canela sea un festival lo más asequible posible dentro de una industria que cada vez es más cara. Queremos que quien venga sienta que lo que recibe merece la pena y, sobre todo, que no se sienta engañado.
También es importante entender que el precio de la entrada, por sí solo, no cubre el coste real de un festival de estas características. Es imprescindible que funcione la barra para poder equilibrar las cuentas. Pero incluso ahí intentamos ser coherentes con nuestra forma de entender el festival.
Queremos ofrecer productos de primeras marcas, bebidas de calidad y, sobre todo, contar con un equipo de camareros bien tratados y bien pagados. Creemos que cuando un trabajador está contento, también trata mejor al público, y eso acaba repercutiendo en la experiencia de todos.
Al final, todo responde a una misma idea: poner a las personas en el centro. Da igual que hablemos del trabajador, del artista o del asistente. Lo importante es que todo el mundo se sienta cuidado y que Canela siga siendo un espacio seguro, agradable y divertido, no un proyecto pensado únicamente para maximizar beneficios.
Podríamos subir mucho más los precios, como han hecho otros festivales, y probablemente ganaríamos más dinero. Pero, hasta ahora, hemos preferido no hacerlo porque creemos que perderíamos parte de la esencia del proyecto.
Eso no significa que en el futuro no pueda cambiar alguna cosa. A día de hoy ninguno de nosotros vive exclusivamente del festival, aunque ojalá algún día podamos construir una estructura suficientemente sólida para hacerlo sostenible sin tener que renunciar a los valores con los que nació.
Ahora mismo todavía estamos aprendiendo a sacar todo el partido al nuevo recinto. Aunque ya han pasado cuatro años desde el regreso del festival tras la pandemia y el traslado al recinto ferial de Torremolinos, con dos escenarios y una producción mucho mayor, lo cierto es que fue un salto enorme.
Quizá no estábamos del todo preparados para crecer tan rápido y durante estos años hemos tenido que hacer un importante esfuerzo para asumir y sanear toda esa inversión que, en cierto modo, fue bastante kamikaze.
Nuestra filosofía sigue siendo crecer poco a poco, consolidar cada paso, controlar mejor los gastos y recortar únicamente en aquello que el público no percibe, nunca en la experiencia del festival.
En definitiva, intentamos ofrecer el mejor festival posible al precio más razonable posible. Al fin y al cabo, es exactamente el tipo de festival al que a nosotros mismos nos gustaría asistir como público.
“Al final, todo responde a una misma idea: poner a las personas en el centro. Da igual que hablemos del trabajador, del artista o del asistente. Lo importante es que todo el mundo se sienta cuidado y que Canela siga siendo un espacio seguro, agradable y divertido, no un proyecto pensado únicamente para maximizar beneficios.”
Valdi El cartel mezcla flamenco de vanguardia, punk, metal, indie... ¿Cómo decidís que algo "es Canela" y algo no? ¿Hay algún filtro que no sea solo musical?
Álvaro: Bueno, nosotros siempre decimos, medio en broma, que somos un festival muy egoísta, en el sentido de que traemos a las bandas que nos gustan y punto. Es decir, no están todas las que son ni son todas las que están. Hay muchas bandas que se quedan fuera porque no tenemos el presupuesto suficiente o, como solemos decir, el músculo económico necesario para asumir determinados cachés.
Tenemos la suerte de ser gente a la que le gusta la música en general, pero sobre todo la música hecha con cariño y con pasión. Nos gusta el punk, el hardcore, el flamenco, el indie, el post-punk, el pop, la electrónica… En definitiva, disfrutamos de estilos muy diferentes. Incluso hay ocasiones en las que una banda entusiasma menos a alguno de nosotros, pero siempre intentamos funcionar de manera democrática y buscar el consenso. A veces ese consenso no llega del todo, pero ves a tus compañeros realmente ilusionados con incorporar a una banda y piensas: "A mí no me emociona especialmente, pero tampoco me voy a oponer".
Al final, el primer filtro es, evidentemente, el musical: que la banda nos guste. Y después existe otro filtro mucho más abstracto, que es preguntarnos si esa propuesta encaja o no con el espíritu del Canela. Es eso que muchas veces comentamos de: "Esta banda podría ser Canela" o "esta otra no tanto".
Pero, como ya se ha visto a lo largo de los años, en el festival tienen cabida desde Deafheaven hasta Big Thief. Es decir, manejamos un espectro musical muy amplio. También hemos tenido propuestas urbanas o flamenco. En realidad, el filtro no va tanto por el estilo, sino porque nos guste, sintamos que encaja con el festival y creamos que puede conectar con nuestro público.
Y, por supuesto, existe un filtro mucho más doloroso, que es el económico. Hay muchísimas bandas que nos encantaría traer, pero a las que, sencillamente, no podemos acceder. Ese es el filtro que más duele, pero también es una realidad que tenemos que asumir porque no contamos con el músculo financiero de otros festivales.
Aun así, por suerte somos un festival muy querido. Creo que, entre otras cosas, tanto los mánagers nacionales como los internacionales que ya nos conocen saben que la visión del Canela es muy pura; no responde a un planteamiento mercantilista. Conocen el tamaño del festival, saben cuál es nuestra capacidad económica y entienden que ofrecemos lo que podemos ofrecer.
Por eso, en muchas ocasiones, sobre todo con bandas nacionales, han sido ellas mismas las que han hecho un esfuerzo para poder estar en el festival. También saben que tocar en el Canela les aporta credibilidad, prestigio y, de alguna manera, las sitúa como una banda "guay".
Con las bandas internacionales todo es más complicado, pero después de tantos años trabajando con artistas extranjeros y con sus oficinas, ya nos conocen. Al principio llegas completamente de nuevas, pero ahora saben cómo trabajamos, cuál es nuestro formato, cuál es nuestra filosofía y que no contamos con ayudas públicas ni con grandes patrocinios, más allá del apoyo de Son Estrella Galicia. Eso hace que, en ocasiones, puedan ajustar sus condiciones aprovechando otras fechas en festivales europeos cercanos y, de ese modo, hacer posible su paso por el Canela.
Además, el boca a boca funciona muy bien. Hemos tenido muchas bandas canadienses gracias a aquella primera visita de Metz, que habló del festival a Holy Fuck; después Holy Fuck se lo contó a Preoccupations y, a partir de ahí, la recomendación fue pasando a otras bandas estadounidenses e incluso australianas. Todo ese tipo de cosas también suma y ha contribuido a construir la reputación que hoy tiene el Canela.
“Al final, el primer filtro es, evidentemente, el musical: que la banda nos guste. Y después existe otro filtro mucho más abstracto, que es preguntarnos si esa propuesta encaja o no con el espíritu del Canela.”
Valdi Os diferenciáis totalmente del festival veraniego tipo 3 días + headliners. ¿Creéis que el público ya está harto de ese modelo?
Beto: Bueno, es un modelo que, por un lado, tiene sentido, ¿no? Sobre todo en el caso de los macrofestivales. Ellos llevan uno o varios nombres muy grandes cada día, que son los que realmente venden muchísimas entradas y abonos, y luego completan la programación con el resto de bandas.
Lo curioso es que, al menos para nosotros, lo más interesante de esos festivales suele estar en la letra pequeña. Ahí es donde muchas veces descubres propuestas realmente buenas. Sin embargo, el gran público suele pasar por alto esas bandas porque va exclusivamente a ver al gran cabeza de cartel. Hay gente que hace cola durante horas o se coloca en primera fila solo para ver a ese artista y, cuando termina el concierto, se marcha. Y es una pena porque, en la mayoría de los macrofestivales, hay muchísimos grupos muy interesantes que, simplemente, no son cabezas de cartel.
Da un poco de pena que la gente no bucee o no rebusque más en la programación de este tipo de festivales, porque realmente hay propuestas muy valiosas.
¿Y si el público está empezando a hartarse? Bueno, es complicado decirlo. En España debe de haber cerca de un millar de festivales y, curiosamente, muchos de ellos son prácticamente iguales. Son los mismos grupos girando de un lado para otro, contratados en paquetes por las mismas promotoras, con carteles muy parecidos entre sí.
Aun así, esos festivales siguen vendiendo muchísimos abonos. Probablemente porque una parte importante del público que acude a ellos no lo hace únicamente por la música, sino porque se han convertido en un punto de encuentro, en el sitio donde hay que estar o en la pulsera que luego se luce durante todo el verano.
Yo creo que va a seguir yendo mucha gente a ese tipo de festivales porque, al fin y al cabo, se pusieron de moda. Antes, los que íbamos a festivales y conciertos éramos casi unos yonquis de la música. Hoy, en muchos casos, los festivales se han convertido en un escaparate para las marcas, casi en un centro comercial al aire libre, lleno de espacios comerciales y acciones promocionales. Y, desgraciadamente, en muchos de ellos la música ha pasado a un segundo plano. Y eso, sinceramente, es una pena.
“Lo curioso es que, al menos para nosotros, lo más interesante de esos festivales suele estar en la letra pequeña. Ahí es donde muchas veces descubres propuestas realmente buenas.”
“Y, desgraciadamente, en muchos de ellos la música ha pasado a un segundo plano.”
Valdi Lleváis 18 ediciones. ¿Cuál ha sido el momento más complicado para que el festival sobreviviera? ¿Pandemia, cambios de sede, subidas de costes?
Beto: Bueno, sin duda, el peor momento que hemos vivido durante todos estos años fue en 2023, cuando sufrimos una especie de huracán, un vendaval fortísimo, que nos obligó a parar el festival durante varias horas. En ese tiempo de parón perdimos muchísimo dinero. Un festival como el nuestro depende en gran medida de las barras y, esas casi cuatro horas y media que estuvimos parados, nos hicieron un agujero económico muy importante. De hecho, casi podríamos decir que todavía seguimos recuperándonos de ese dinero que dejamos de ingresar y con el que contábamos.
Sin duda, ha sido el momento más difícil que hemos atravesado. El COVID con la pandemia también fueron dos años complicados, pero, de alguna manera, nos sirvieron para seguir dando pasos hacia adelante, continuar apostando por el proyecto y volver en 2022 con un formato completamente nuevo, al aire libre.
Inicialmente, en 2020 teníamos previsto hacerlo en la Plaza de Toros, pero el proyecto fue evolucionando, incorporamos más grupos y, finalmente, en 2022 nos establecimos junto a la Plaza de Toros, en el recinto ferial de Torremolinos, con esos dos escenarios en forma de "L", donde nunca hay solapes entre conciertos. Estamos muy contentos con ese recinto y, además, cada año aprendemos cosas nuevas. Esperamos poder seguir allí durante mucho tiempo e ir mejorando edición tras edición.
También es cierto que los costes han subido muchísimo. Eso nos afecta a nosotros, como a todo el mundo, pero especialmente porque somos un festival mediano, o incluso pequeño, que intenta mantener unos precios más ajustados que los de otros festivales de mayor tamaño.
Le damos muchas vueltas a ese tema y, en muchas ocasiones, nos cuesta mantener determinados precios porque, al final, las cuentas no salen. Pero nosotros queremos que el festival tenga continuidad durante muchos años y, a veces, no queda más remedio que ajustar el precio de las entradas para que el proyecto siga siendo viable.
Así que aquí seguimos, con la ilusión intacta, esperando que el Canela continúe muchos años más gracias al apoyo de toda la gente que lo hace posible.
“Bueno, sin duda, el peor momento que hemos vivido durante todos estos años fue en 2023, cuando sufrimos una especie de huracán, un vendaval fortísimo, que nos obligó a parar el festival durante varias horas.”
Valdi Torremolinos lleva años siendo la casa. ¿Qué tiene el Recinto Ferial y la Costa del Sol que encaja tan bien con el espíritu Canela?
Beto: Nosotros empezamos allí en 2022. Bueno, voy a decir que empezamos, pero en realidad no es del todo cierto, porque ya en 2009 hicimos una edición en la Caseta de la Juventud, que, curiosamente, hoy ya no existe. Fue demolida y ahora ese espacio se utiliza como zona de aparcamiento para la producción del festival y otros servicios. Aun así, todavía se reconocen algunos elementos característicos, como aquellos tonos verdes que tenía el recinto.
Es un espacio que, para nosotros, resulta muy cómodo. Además, Torremolinos es un enclave muy especial. Estamos allí porque, la verdad, en Málaga nunca se nos prestó demasiada atención. Nunca recibimos apoyo, ni siquiera conseguimos que nos recibieran para explicar el proyecto y, en general, tampoco hemos tenido demasiada presencia en la prensa local. Es como si el festival no existiera para ellos.
Sin embargo, en Torremolinos sí nos dieron esa oportunidad. Nos gusta mucho el recinto, nos gusta la ciudad, toda su idiosincrasia y la historia que tiene detrás. Creemos que es un lugar con mucha personalidad, muy alineado con el espíritu y los valores del Canela. Sentimos que encaja perfectamente con lo que somos como festival.
Y, al final, poder celebrar el festival junto al mar, a finales del verano, nos parece la mejor manera posible de despedir esa época del año.
“Nos gusta mucho el recinto, nos gusta la ciudad, toda su idiosincrasia y la historia que tiene detrás. Creemos que es un lugar con mucha personalidad, muy alineado con el espíritu y los valores del Canela.”
Valdi Presentado por SON Estrella Galicia y con Bráulio Amado en el diseño, ¿Cómo elegís marcas y colaboraciones para no "venderos" pero sí poder crecer?
Beto: La verdad es que somos muy tiquismiquis con el tema de los patrocinadores y, supongo que precisamente por eso, apenas tenemos patrocinios.
Contamos con el apoyo de Son Estrella Galicia, del que estamos muy agradecidos. Es una marca que, incluso antes de empezar a colaborar con nosotros, ya se había interesado por el festival y nos conocía. Creo que, dentro de este tipo de marcas, es la que mejor comunica, la que realmente entiende la música, la escena y todo lo que la rodea. Nosotros estamos muy contentos con ellos.
Para nosotros es un patrocinador muy orgánico. Me refiero a que su producto es la cerveza y, en un festival, tiene todo el sentido del mundo que esté presente. En cambio, sí hemos recibido propuestas de patrocinio de marcas muy dispares, que no tienen absolutamente nada que ver ni con la música ni con el festival, y las hemos rechazado porque no nos parecían coherentes.
Es algo que, sin embargo, ocurre en muchos otros festivales. Hace unos días estuve en uno donde había una promotora inmobiliaria que vendía casas, edificios y apartamentos de lujo. Y, sinceramente, no sé qué relación tiene eso con un festival de música.
Entiendo que hay festivales que buscan maximizar los ingresos y, mientras haya dinero de por medio, cualquier patrocinio les vale. A nosotros no. Tenemos un filtro ético bastante marcado desde el principio y preferimos contar con menos patrocinadores, pero que estén realmente alineados con nuestra filosofía.
En cuanto al diseño, para nosotros contar este año con Braulio Amado ha sido un auténtico sueño. Lo conocimos en 2009, precisamente en aquella edición que hicimos en Torremolinos, antes de empezar a organizar conciertos en otras salas de Málaga. Él venía como batería de Adorno, una banda portuguesa de screamo de las afueras de Lisboa.
Lo conocimos allí y, con el tiempo, Álvaro, que también se dedica al diseño, fue estrechando la relación con él. Y, bueno, el cabrón ha crecido muchísimo. Para mí, a día de hoy, es uno de los mejores diseñadores del mundo.
Gracias a esa relación de tantos años, él conocía perfectamente el festival y guardaba muy buen recuerdo de aquella primera experiencia. Siempre le había apetecido colaborar con nosotros, pero nunca encontraba el tiempo por la enorme carga de trabajo que tenía. Nosotros lo hemos intentado prácticamente todos los años, hasta que esta vez nos dijo: "Venga, este año sí. Me apetece y, además, creo que tengo tiempo". El resultado ha sido un diseño brutal y, para nosotros, ha sido un auténtico lujo poder contar con él y con todo lo que representa.
Es curioso porque este año estaba trabajando, al mismo tiempo, en proyectos para Harry Styles, los Rolling Stones y también para el Canela.
Tener a alguien como Braulio ha sido muy especial. En realidad, todo el apartado gráfico es algo que cuidamos muchísimo. Todos nos implicamos, aunque es verdad que Álvaro, por su profesión, es quien más controla esa parte. Gracias a él también hemos conocido a grandes diseñadores con los que hemos trabajado en otras ediciones, como Ales Div, Realmente Bravo, Pol Rodellar (de Mujeres), Cristina Daura & Jabier Rodríguez, Berto Fojo, Wear Beard, Javi Medialdea… De hecho, ya tenemos cerrada la persona que realizará la identidad gráfica de la edición de 2027 y ya estamos trabajando en ello.
Para nosotros es fundamental cuidar esa parte y darle casi la misma importancia que a la programación musical. Creemos que la identidad gráfica de un festival dice mucho de lo que es y de cómo entiende la cultura. Y pensamos que ese es otro de los aspectos que diferencian al Canela de muchos otros festivales.
“Tenemos un filtro ético bastante marcado desde el principio y preferimos contar con menos patrocinadores, pero que estén realmente alineados con nuestra filosofía.”
“Creemos que la identidad gráfica de un festival dice mucho de lo que es y de cómo entiende la cultura.”
Valdi 19.000 personas en 2025. ¿Hay un aforo máximo mental que no queréis pasar para no perder la esencia?
Beto: Nosotros estamos vendiendo 5.000 abonos y 500 entradas de día. Ese es, más o menos, el aforo que tenemos planteado. Es cierto que luego hay que sumar a toda la gente que forma parte del festival: grupos, trabajadores, prensa, invitados y demás.
Al final, cada día podemos estar cerca de las 6.000 personas y ese es el número que tenemos en la cabeza. Es verdad que en ese recinto cabe muchísima más gente, muchísima. Tal y como está montado actualmente, podríamos llegar perfectamente a unas 11.000 o 12.000 personas, así que margen de crecimiento existe.
Pero ahora mismo no estamos pensando en eso. Nosotros tampoco somos un festival que agote las entradas de manera inmediata, como ocurre con otros festivales que tienen un único gran reclamo capaz de vender todo el aforo por sí solo.
El Canela es un festival diferente, más especializado. No tenemos ese gran grupo internacional que, por sí solo, sea capaz de vender todas las entradas. Podríamos decir que muchas veces ni podemos hacerlo, ni tampoco queremos que el festival dependa de eso.
Evidentemente, nos encantaría poder contar con grandes nombres internacionales que ayudaran a dar ese salto, pero la realidad es que muchas de esas bandas están fuera de nuestro alcance por los presupuestos que manejamos. Tenemos cero euros de subvenciones y contamos con un único patrocinador que, aunque nos trata fenomenal y estamos muy agradecidos, sigue siendo eso: un patrocinador.
Al final, los números son los que son y tampoco podemos crecer por encima de nuestras posibilidades. Claro que nos encantaría tener grupos más grandes y ampliar ciertas cosas, pero creo que, con nuestro presupuesto y nuestras limitaciones, seguimos haciendo carteles muy buenos, diferentes y con muchas propuestas que otros festivales no ofrecen.
Además, por suerte, en España hay muchos festivales pequeños y medianos que están haciendo las cosas muy bien. Son casi como hermanos nuestros y creo que son precisamente ese tipo de proyectos los que la gente debería apoyar.
Luego, evidentemente, cada persona es libre de hacer lo que quiera, pero sí creo que hay que ser conscientes de que los grandes festivales suelen contar con muchas más ayudas, subvenciones y grandes patrocinadores. Quizá lo interesante sería que parte de esas ayudas fueran destinadas a festivales más pequeños, que hacen las cosas desde otra perspectiva, con otros valores y con una forma de trabajar más ética, en lugar de acabar apoyando proyectos que están respaldados por grandes fondos de inversión o intereses empresariales que poco tienen que ver con la música.
Desgraciadamente, en España hay muchos ejemplos de ello y, aun así, cada año siguen llenando y vendiendo miles de entradas. Creo que muchas veces el público no se para a analizar qué hay detrás de determinados eventos ni a separar su ocio de las realidades que puede haber detrás de algunas empresas o inversores que los financian. Aunque detrás haya un genocidio.
“Al final, cada día podemos estar cerca de las 6.000 personas y ese es el número que tenemos en la cabeza. Es verdad que en ese recinto cabe muchísima más gente, muchísima. Tal y como está montado actualmente, podríamos llegar perfectamente a unas 11.000 o 12.000 personas, así que margen de crecimiento existe.”
“Pero ahora mismo no estamos pensando en eso.”
Valdi La fiesta de disfraces de clausura sigue viva. ¿Qué tradiciones os negáis a perder aunque el festival sea 10 veces más grande?
Antonio: La fiesta de disfraces es mucho más que una tradición; forma parte del origen del festival. Es algo que todo el mundo identifica como una de sus principales señas de identidad y que, bajo mi punto de vista, no debería perderse nunca.
Por encima de todo está la música, por supuesto, pero la combinación de la música en directo y los disfraces fue precisamente lo que dio origen a esta locura que es el Canela Party. Esa mezcla es parte de nuestra esencia.
Realmente no creo que tengamos muchas tradiciones que haya que mantener como tal, sino más bien una serie de principios que para nosotros son fundamentales. Por ejemplo, que no haya solapes entre conciertos o que los precios sean, dentro de lo posible, asequibles.
Son aspectos que hacen diferente al Canela y que, si queremos llamarlos tradiciones, pues adelante. Pero, sobre todo, son elementos que forman parte de nuestra manera de entender el festival y que queremos que se mantengan siempre. Porque si algún día perdiéramos eso, dejaría de ser el Canela Party.
“La fiesta de disfraces es mucho más que una tradición; forma parte del origen del festival.”
“Porque si algún día perdiéramos eso, dejaría de ser el Canela Party.”
Valdi Para 2026 habláis de "afianzamiento y novedades"*. ¿Qué tipo de novedades se pueden hacer sin traicionar el Canela?
Antonio: Pues, aunque parezca increíble, estamos a punto de celebrar la decimoctava edición y el año que viene ya serán veinte años desde aquella primera edición que se celebró en 2007. Cada año que pasa y cada año que el Canela sigue existiendo es, para nosotros, una gran victoria y casi un pequeño milagro.
En ese sentido, sí podemos decir que con el paso del tiempo el festival se ha ido afianzando cada vez más. Pero, al mismo tiempo, sigue teniendo un punto de precariedad, porque continúa siendo un proyecto autofinanciado, seguimos siendo independientes y apenas contamos con apoyo institucional, económico externo o grandes patrocinadores. Al final, cada edición supone ir dando pequeños pasos para conseguir que el festival pueda seguir celebrándose.
En cuanto a novedades, la verdad es que no suele haber grandes cambios de un año para otro. Este año, por ejemplo, lo más importante es que vamos a celebrar una jornada menos: en lugar de las cuatro jornadas que hemos tenido en ediciones anteriores, esta vez serán tres.
Esto responde a la idea de que el festival siga siendo sostenible y de optimizar mejor nuestros recursos. Creemos que es una decisión que vamos a agradecer todos, tanto el equipo de organización como el propio público.
Para nosotros, además, las novedades no siempre tienen que ser grandes cambios, sino seguir mejorando año tras año, ir corrigiendo pequeños errores, puliendo detalles y consiguiendo que los servicios del festival vayan evolucionando, mejorando y profesionalizándose cada vez más.
“Para nosotros, además, las novedades no siempre tienen que ser grandes cambios, sino seguir mejorando año tras año, ir corrigiendo pequeños errores, puliendo detalles y consiguiendo que los servicios del festival vayan evolucionando, mejorando y profesionalizándose cada vez más.”
Valdi ¿Veis cantera? ¿Os preocupa que desaparezcan las salas pequeñas y las bandas DIY de las que salisteis?
Antonio: Pues cantera, vemos. Desde el punto de vista del público, es cierto que podríamos haber tenido la preocupación de que, después de tantos años, el público del festival pudiera acabar cansándose o desapareciendo. Pero lo cierto es que estamos viendo una regeneración constante.
Lo podemos comprobar con las estadísticas que hacemos a través de las plataformas de venta de entradas. Ahí vemos que la media de edad se mantiene bastante estable e, incluso, diría que en los últimos años se ha rejuvenecido. Y eso es un motivo para ser muy optimistas.
En cuanto a los festivales, creo que los festivales pequeños y los proyectos do it yourself van a seguir existiendo siempre. O, al menos, eso quiero creer. Es verdad que cada día nos lo ponen más difícil, porque los festivales de música se han convertido en un gran negocio. En los últimos años han entrado en escena los fondos de inversión y los macrofestivales, que son modelos de negocio que generan muchísimo dinero, pero que, desde nuestro punto de vista, también hacen mucho daño a la música en directo.
La música en directo tiene que seguir siendo algo cercano, algo de calle. Los grupos no empiezan triunfando y tocando directamente en escenarios para veinte mil personas. Cualquier músico sabe que el camino empieza dedicando muchas horas a ensayar en un local con los amigos, tocando en pequeños bares, en salas pequeñas y construyendo poco a poco una trayectoria.
No sé, en el caso concreto de Málaga, la verdad es que las salas pequeñas están prácticamente desapareciendo. Quedan muy pocas y muchas de ellas han tenido que trasladarse a polígonos. Y, bueno, esto es algo que también viene motivado por las decisiones de nuestros ayuntamientos.
Pero creo que la música va a existir siempre, y la música en directo también. Si no fuera así, la verdad es que sería difícil mantener la esperanza. Por eso es muy importante que sigan existiendo salas pequeñas, que haya gente con ilusión y con ganas de arriesgar su tiempo, su esfuerzo, su dinero e incluso su salud mental para sacar adelante festivales pequeños y proyectos independientes.
También es fundamental que continúen los centros sociales y los espacios autogestionados, porque cumplen una función importantísima dentro del tejido cultural.
Es cierto que la situación actual es preocupante, pero quiero pensar que son ciclos. Al final, de una manera u otra, estas pequeñas iniciativas acabarán encontrando su camino y seguirán saliendo adelante. Al menos, esa es la esperanza que tenemos.
“La música en directo tiene que seguir siendo algo cercano, algo de calle. Los grupos no empiezan triunfando y tocando directamente en escenarios para veinte mil personas.”
“Por eso es muy importante que sigan existiendo salas pequeñas, que haya gente con ilusión y con ganas de arriesgar su tiempo, su esfuerzo, su dinero e incluso su salud mental para sacar adelante festivales pequeños y proyectos independientes.”
Valdi 15. Si alguien quisiera montar un festival "anti-festival" hoy, ¿qué 3 consejos le daríais que nadie le cuenta?
Antonio: Si alguien quisiera montar hoy un antifestival, entendiendo como antifestival aquel proyecto que se hace de manera independiente, que no responde a una lógica mercantilista, que no es un macrofestival y que busca algo más allá del simple beneficio económico, pues sí, perfectamente podría hacerlo.
Nosotros creemos, y creo que lo hemos demostrado con los años, que existe otra forma de hacer las cosas. Que es posible organizar un festival desde otra perspectiva, con otros valores y con una manera diferente de entender la música en directo.
Dicho esto, no sé si somos los más indicados para dar consejos a nadie, pero creo que lo más importante para cualquier persona que quiera montar su propio festival, ya sea algo pequeño, un proyecto en su propia localidad o simplemente un evento con la música que le gusta ver en directo, es hacerlo con amor, con pasión y con el corazón.
También hay que esforzarse muchísimo, porque nadie te regala nada. Hay que trabajar, dedicar muchas horas y hacer sacrificios. Nosotros seguimos haciéndolo cada año y, aunque pueda parecer lo contrario, cada edición sigue siendo igual de complicada que la anterior.
Y luego está algo que para mí es fundamental: ser honesto. Ser honesto con uno mismo, ser honesto con el público, porque al final el público forma parte del festival. Sin ellos, evidentemente, el festival no existe.
Y también hay que ser honesto con los trabajadores y con los músicos, con las bandas. Estamos cansados de ver grandes festivales que se aprovechan de los artistas, que les ofrecen supuesta visibilidad mientras les pagan una miseria, utilizando esa excusa para beneficiarse de su trabajo.
Creo que, si haces las cosas con amor, con esfuerzo y con honestidad, sí es posible salir adelante. ¿Es difícil? Muchísimo. Pero, ¿es posible hacerlo? Sí.
“Creo que, si haces las cosas con amor, con esfuerzo y con honestidad, sí es posible salir adelante. ¿Es difícil? Muchísimo. Pero, ¿es posible hacerlo? Sí.”
Valdi Última: ¿Qué es lo que más orgullo os da de Canela Party que la gente de fuera no vemos?
Antonio: Yo creo que coincidimos los tres siempre en algo: el Canela es, de todas las cosas que hayamos podido hacer en la vida, con toda seguridad, una de las cosas de las que más orgullosos estamos cada uno, dentro de nuestra parcela personal.
El simple hecho de que el Canela lleve tantos años existiendo ya es un motivo enorme de orgullo. Pero también lo es haber conseguido que siga adelante y que podamos mantener, en la medida de lo posible, las mismas condiciones y la misma filosofía que teníamos desde el principio, aunque el festival haya crecido muchísimo en números.
¿Qué es lo que ve la gente desde fuera no ve, pero que a nosotros nos hace sentir especialmente orgullosos? Pues supongo que, entre muchas otras cosas, haber conseguido traer todas las bandas que hemos traído.
Si echamos la vista atrás y pensamos en los primeros años, la verdad es que resulta increíble. Hace quince o veinte años, si alguien nos hubiera dicho que íbamos a traer a Torremolinos a bandas como Dinosaur Jr., Superchunk, Viagra Boys o tantas otras, probablemente nos habría entrado la risa. Habríamos pensado que era imposible, que era una auténtica locura. Pero lo cierto es que ha ocurrido.
Cualquier persona que sea promotora, que monte conciertos o que haya intentado organizar algo relacionado con la música sabe perfectamente lo difícil que es conseguir que un proyecto sea sostenible. Iba a decir rentable, pero casi nunca es rentable. El verdadero objetivo muchas veces es simplemente conseguir que no te arruines y poder continuar haciéndolo año tras año. Y eso también es motivo de orgullo.
A veces hay gente que, desde fuera, piensa que detrás del festival hay grandes apoyos económicos, grandes capitales o una estructura mucho más grande de la que realmente existe. También ocurre algo curioso cuando alguien nos dice: "Trae a esta banda" o "trae a la otra". Muchas veces no somos conscientes de que detrás de traer a un grupo hay una enorme cantidad de factores que tienen que encajar.
Tiene que cuadrar el presupuesto, el caché de la banda, las fechas, las rutas de gira, la disponibilidad de los artistas… Son muchas piezas que tienen que encajar al mismo tiempo.
Y especialmente con las bandas internacionales es todavía más complicado. Conseguir que una banda de Australia, de Estados Unidos o de cualquier otro lugar venga no solo a España, sino concretamente a Torremolinos, al sur, tiene una dificultad añadida. Muchas veces los circuitos de las giras internacionales no pasan por aquí. Incluso Málaga, en ocasiones, queda fuera de esos recorridos habituales frente a otras ciudades andaluzas como Granada o Sevilla, que tienen una tradición musical más asentada y unos circuitos más establecidos.
Por eso, para nosotros, es un motivo enorme de orgullo mirar atrás y ver todas las bandas que han pasado por el festival y todas las que siguen viniendo. Creo que la gente lo valora y eso nos hace mucha ilusión.
Pero, como decía al principio, nuestro mayor orgullo no es solamente haber conseguido traer determinadas bandas, sino haber logrado construir algo que sigue vivo después de tantos años y que continúa manteniendo su esencia como es el Canela Party. Y, por supuesto, ojalá podamos seguir muchos años más.
“Pero, como decía al principio, nuestro mayor orgullo no es solamente haber conseguido traer determinadas bandas, sino haber logrado construir algo que sigue vivo después de tantos años y que continúa manteniendo su esencia como es el Canela Party.”