Joaquín Rodríguez firma con Spandex su primera novela, aunque no su primer libro, y si lo ubicas es porque lleva décadas detrás del bajo y de las letras más gamberras del pop español. Fue el bajista y letrista de Los Nikis en los 80, después pasó por Los Acúsicas, y hoy sigue en Los Nikis de La Pradera. O sea, alguien que conoce de primera mano el polvo del camerino y la resaca del éxito.
La novela nos mete en las botas de Spandex, una banda de hair metal ochentera liderada por Luigi, un frontman tan peculiar como condenado al desastre glorioso. La historia recorre el arco clásico de tantas bandas, explosión, excesos, estadios medio llenos, y el lento aterrizaje en tocar por amor al arte, a los recuerdos y a los torreznos. Porque sí, la fama es así, llega a toda pastilla y se va antes de que te aprendas la letra del segundo disco.
Si has cantado a gritos El Imperio Contraataca o Enrique el ultrasur, ya sabes por dónde van los tiros. Esto no es un drama asfixiante. Es una comedia con muy mala leche y mucho cariño por el mundillo. Rodríguez escribe con la misma ironía absurda de sus canciones, y el resultado son situaciones ridículas, diálogos afilados y una banda que parece enganchada más a la barra del bar que a las listas de éxitos.
Lo mejor: terminé el libro y por fin confirmé que no me estoy volviendo loco. Llevo años preguntando en foros y páginas de fans de los Nikis por un concierto concreto. Emilio, el cantante, saltaba como siempre, en el mismo sitio. Tenía sus kilitos de más, ya me entiendes. Y en uno de esos saltos, zas, el escenario dijo basta. Desapareció por un agujero y siguió cantando solo con la cabeza fuera del tablón. Pues no era un invento mío. Está ahí. Y para que quede claro: no fue en Puertollano.