Hubo un tiempo, a finales de los 80 y en la década de los 90, en el que los anuncios de Levi’s levantaban interés y expectación. Eran como pequeños videoclips que tiraban de ingenio, estética y, sobre todo, de una banda sonora genuina y desafiante, diferente.
Corría el año 94 y nos pilló jovenzuelos por Granada. Ya sabemos que no todo era estudiar ni salir de marcha; también se veía la tele. Y fue entonces cuando apareció el nuevo spot. Impactante, arrebatador, ingenioso, pura adrenalina y con una banda sonora arrolladora. El tema del spot, de algún modo, sintonizaba muy bien con la escena musical de la época y la explosión del grunge. Y esa explosiva mezcla de guion, imágenes, erotismo, picardía y música nos llegó muy hondo, mucho; estábamos ante un fabuloso videoclip, con un final ingenioso y un epílogo que firmaría Tarantino. Es evidente que alguno de nosotros salió disparado a comprar el sencillo, y el resto se lo agradecimos, aún hoy, 30 años después. Y ese pedazo de plástico fue fusilado en bucle a rabiar, impregnando de energía y decibelios grunge aquellas delgadas paredes de un destartalado piso de estudiantes en la Granada de los 90.
Pasaron los años, la vida te va llevando hacia otros lados y sobre aquellos recuerdos se van acumulando capas de polvo que suelen crecer y cristalizar en olvido, pero esta vez no fue así, para nada. Un pequeño cúmulo de circunstancias hizo que aquella promo permaneciera más o menos presente en nuestras vidas, desapareciendo y volviendo a aparecer en nuestras reuniones durante charlas sobre momentos memorables y anécdotas.
Es cierto que, ya en esta última década, el polvo del olvido acumulado casi llegó a devorar del todo aquella joya del pasado, pero no. Un chispazo, un recuerdo, una charla con la persona adecuada arrolló esa gruesa capa de olvido que va disolviendo la memoria, y yo me alegro mucho, muchísimo, porque es un temazo, porque es un anuncio memorable y porque me lleva, por cierto, a una época que vive y ruge aún muy dentro de nosotros.