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Texto de yellowsnow77, publicado originalmente en Don’t Eat The Yellow Snow y republicado en Ruido Necesario con permiso del autor. Original en Don’t Eat The Yellow Snow.

Llevo unos meses dándole vueltas al álbum de debut de Chalk. El dúo irlandés formado por Ross Cullen y Benedict Hardie-Goddard me fascinó con algunos de sus singles de adelanto. Esos en los que apuestan por un sonido más synth-pop, pero luego, al ponerme el disco, me echó un poco para atrás la dureza de alguno de sus temas. Porque, aunque podríamos calificar su propuesta de post-punk electrónico, es evidente que también tienen una fuerte influencia de Nine Inch Nails. El caso es que en estas últimas semanas he vuelto a ellos gracias a que son los teloneros de los conciertos que darán Fontaines D.C. en España. Y bueno, tras escuchar el último trabajo de los de Grian Chatten, ahora entiendo las razones por las que los han escogido para abrir su gira.

Cullen y Goddard se conocieron en la escuela de cine de Belfast y tienen a David Lynch como una de sus máximas influencias. Y al parecer, eso es bastante importante de cara a sus directos, donde usan proyecciones bastante chulas. Aunque no sé si las llevarán en esta gira de teloneros de Fontaines D.C. También creo que se deja ver bastante en su propuesta musical, ya que en este disco hay varios temas que no hubieran desentonado en la banda sonora de ‘Carretera Perdida’. Porque, como ya os he dicho más arriba, la sombra de Trent Reznor está muy presente en algunas canciones. Solo hay que escuchar “Tongue”, que abre el disco con un sonido industrial y unos buenos berridos -lo de que se llame igual que uno de los últimos singles de los Fontaines es una mera casualidad-. O “Pain”, donde la electrónica y el baile se llenan de suciedad.

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Lo bueno de ‘Crystalpunk’ es que, a medida que van pasando los minutos, sus canciones se van suavizando. Por eso creo que son una muy buena elección para abrir los conciertos de esta gira de Fontaines D.C. Aquí hay mucho de ese pop electrónico oscuro que aparece en algunos temas de ‘Dopamine Chamber’. Solo que si es verdad que Chalk lo lleva un poco más a la pista de baile. Ahí tenemos “Can’t Feel It”, que supongo que lo está petando en los clubes más dark. O esa “One-Nine-Eight-Zero” mucho más delicada y pop. Además de una “I.D.C.” en la que nos encontramos con una fuerte influencia de Depeche Mode. Porque, al final, todos estos artistas terminan bebiendo de la banda de Basildon. Y ahí incluyo a Reznor, que siempre ha sido muy fan de Gahan y compañía.

Lo que más sorprende de la propuesta de Chalk es que hay momentos en los que apuestan sin ningún tipo de complejos por la música más dance. Es el caso de “Skem”, que los lleva a un techno bastante potente y lleno de suciedad que nadie tiene que ver con el post-punk. Y si nos vamos a “Béal Feirste”, nos encontramos con un tema de casi ocho minutos en el que se podría decir sin problema que la influencia de Underworld es más que evidente. Aunque eso sí, para cerrar, prefieren bajar el ritmo y dejarnos una “Ache” donde vuelven a la oscuridad más absoluta. Y la verdad es que, tras el pepinazo anterior, sí se podría decir que es un poco bajón terminar el disco así.

78/100

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