Suede vuelven a España este verano, y lo hacen con prisa: tres conciertos en cuatro días, por sitios que no se parecen en nada. El 9 de julio, el Cruïlla de Barcelona, un festival grande frente al mar. El 10, Pirineos Sur, sobre la tarima flotante del embalse de Lanuza, en pleno Pirineo. Y el 12, Murcia, en Las Noches del Malecón. Un festival enorme, un escenario sobre el agua y una noche de verano: la misma banda en tres marcos sin nada en común.
No es su primera vuelta este año. En marzo se hicieron una gira de salas que agotó entradas casi en todas partes —Bilbao, A Coruña, Sevilla, Madrid, Valencia, Barcelona—, con Sevilla teniendo que ampliar aforo. Quien quiso verlos de cerca ya los vio. Ahora repiten al aire libre.
La excusa es Antidepressants, su décimo disco, publicado en septiembre de 2025. Brett Anderson lo ha definido como su disco post-punk, después de que Autofiction (2022) fuera el punk: dos discos hermanos, secos y crudos, lejos del Suede más orquestal de la década pasada. La crítica ha respondido —cinco estrellas en MOJO, que habla de memento mori; el mejor desde Coming Up para Uncut—, y para una banda con más de treinta años a la espalda eso no es un cumplido de rutina.
Porque ahí está lo que los separa de tantos coetáneos. Suede se disolvieron en 2003, volvieron en 2010 y desde entonces han publicado tantos discos como en su primera etapa, todos bien recibidos. No son una gira de nostalgia que vive de Animal Nitrate y Beautiful Ones: siguen escribiendo, y lo nuevo aguanta junto a lo viejo.
En directo es donde se entiende del todo lo que son. Anderson, a punto de cumplir sesenta, sigue cantando colgado del público, lanzándose, arrastrando el micro. La banda detrás suena compacta y elegante, y el repertorio mezcla los himnos de siempre con las canciones nuevas sin que se note la costura. Tres noches, tres escenarios, la misma entrega.
Tres oportunidades y tres sitios distintos para ver a una banda que lleva tres décadas sin aprender a tocar con red.