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La banda prepara Vida y obra de un titiritero, su primer disco en trece años, acompañado por una novela gráfica que mira de frente al desgaste que provocó su separación y a las razones que les han llevado a crear juntos de nuevo
Standstill regresaron a los escenarios para reencontrarse con sus canciones, con su público y, posiblemente, consigo mismos. Lo que comenzó en 2024 como una discreta vuelta puntual después de casi una década de silencio y continuó con la celebración del vigésimo aniversario de Vivalaguerra ha terminado convirtiéndose en algo con lo que inicialmente no contaban: una nueva etapa creativa y el primer álbum de la banda desde Dentro de la luz, publicado en 2013.
El nuevo trabajo se titulará Vida y obra de un titiritero y está previsto para noviembre. Pero antes de que llegue la música, Enric Montefusco ha publicado junto al dibujante Oriol Garcia Quera una novela gráfica con el mismo título, editada por Astiberri. El libro es una obra autónoma que comparte con el nuevo disco personajes, palabras, símbolos y conflictos y supone una primera parte de un universo que Standstill ha ido revelando durante los últimos meses a través de entrevistas, encuentros, presentaciones y pequeños conciertos acústicos.
Para entender la importancia de este regreso no basta con contar los años transcurridos. También hay que mirar hacia las razones que llevaron a Standstill a detenerse en 2015.
Por lo que ha explicado Montefusco, la separación no parece responder a una discusión concreta ni a un único acontecimiento, sino a una erosión lenta, continua e imparable fruto de una mezcla entre la intensa forma de crear, de trabajar, de relacionarse con la industria e incluso entre ellos mismos.
Y el tiempo y la distancia ha cambiado algunas cosas. Cuando Standstill volvió a tocar en 2024, la respuesta del público fue incluso mayor que la que había acompañado sus últimos años de actividad. Las canciones habían continuado creciendo durante su ausencia y el grupo descubrió que su influencia era más profunda de lo que había percibido antes de detenerse. Según Montefusco, la energía del público, la asistencia a los conciertos y la recepción de los promotores superaron lo que habían dejado atrás. El reconocimiento que quizá no llegó en el momento adecuado apareció con los años y terminó dando sentido a aquella primera gira de retorno.
La respuesta no fue inmediata, pero durante 2025 Montefusco empezó a reunir ideas y letras que apuntaban en una misma dirección: su propia historia, la trayectoria del grupo, la creación artística y el desgaste que supone defender un proyecto personal frente al mundo exterior.
También ha cambiado el lugar emocional desde el que trabaja la banda. Montefusco recuerda que los primeros Standstill nacieron impulsados por la rabia, la frustración y cierta voluntad de conquista frente a un mundo con el que no estaban de acuerdo. Aquel combustible alimentó sus años de hardcore y post-hardcore y permaneció, de diferentes maneras, durante toda su evolución hasta que acabó devorándolos. Ahora, sin embargo, aseguran regresar «desde el amor y las ganas de compartir lo que somos de manera genuina».
Vida y obra de un titiritero intenta explicar ese recorrido sin convertirse en una biografía convencional. La novela gráfica presenta el viaje simbólico de un creador que comienza lleno de ilusión, atraviesa la rutina, el desgaste y el derrumbe, y acaba recuperando el sentido de lo que hacía. La historia tiene elementos reconocibles de la trayectoria de Standstill, pero Montefusco y Garcia Quera han evitado la reconstrucción documental para levantar un relato más amplio sobre cualquiera que haya intentado proteger un proyecto propio sin traicionar aquello que lo hizo nacer.
El álbum llevará también por título Vida y obra de un titiritero y será el primero de Standstill en trece años. Montefusco ha adelantado pocas pistas musicales, pero sí ha señalado que el resto de la banda se siente más identificado con este trabajo que con algunos discos anteriores. Su objetivo ya no sería seducir únicamente a quienes conocen cada tramo de su historia, sino comunicar con mayor amplitud. Como ha resumido el propio músico, ahora resulta más importante comunicar que gustar.
Standstill volvió para tocar unas canciones que el tiempo se había negado a desgastar. Sin embargo, al recorrerlas de nuevo, la banda encontró algo que no estaba previsto en el guion: razones para continuar. Vida y obra de un titiritero no será solamente su primer disco desde 2013. Será también el intento de explicar por qué un proyecto nacido de la necesidad puede terminar agotando a quienes lo sostienen y cómo, después del silencio, esa misma necesidad puede regresar bajo otra forma.